Juro que yo estudié

Es como cuando uno lleva mucho tiempo esperando algo y lo ha cuidado, y se ha preparado para recibirlo o lograrlo, y lo ha anhelado en todas las formas y colores y lo ha esperado, con la paciencia inducida de una espera eternal pero alcanzable.

Y cuando se hace realidad lo que parecía inalcanzable, uno se queda ahí, frío. Como cuando uno estudió y estudió para un parcial para el que necesitaba 4.3 y dejó de salir y estudió más y más para lograrlo. Pero llegó a presentar el famoso examen, ese que hasta la mamá hacía preguntas, la amiga se aguantó que practicara con ella, el tinto, los resúmenes, hojas, resaltador, que el portero pregunte, y PUM, a la hora de la verdad, se bloqueó mal.

Algo así. Yo.

Lo esperé. Me preparé. Lo anhelé. Me cuidé. Aprendí. Seleccioné. Soñé. Le coqueteé. Lo acerqué. Lo alejé. Lo idealicé. Lo pisoteé. Lo subestimé. Lo aborrecí. Todo.

Y ahora que por fin voy a paso firme a tenerlo, me bloqueé. No sé qué hacer. Ni cómo. Ni cuándo.

No pensé que iba a ser tan difícil. Pensé que era pan comido y que por haber durado tanto tiempo esperando iba a saber, al derecho y al revés, cómo ser la mejor de todas las personas que alguna vez han estado en una relación.

AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJ, si hay un concurso a nivel universal, de las peores, en estos momentos me puedo estar codeando mi entrada al top 5.  ¡Qué horror de vieja!

Las expectativas me mataron. La soltería me alejó demasiado de la realidad. Y nada, soy una mamera de vieja que se hizo un mundo de soltera y ya no vive del todo en ese estado civil y es como si la hubieran cambiado de planeta y esta como conociendo y aprendiendo todo.

Y trato en serio. Pero no la logro. Como que sigo bloqueada en el parcial y hace poquito es como si me hubiera tocado entregar ese examen en blanco y luego hubiera tenido que ir corriendo a donde el profesor a pedirle cacao y decirle que yo sí había estudiado. Que se lo juraba con todo mi corazón y que si quería me hiciera cualquier pregunta, la que fuera, que yo le respondía.

Y entonces ÉL respondió:

“Relajate, yo no estoy pensando en cuánto vamos a durar. Pero sí pienso que quiero estar siempre contigo”

 y yo le respondí,

 ¿qué es siempre?

 ”Para siempre”, dijo él.

Y nada, supongo que pasé el parcial, raspando, pero lo pasé. Y tal cual en un examen final de esos que a uno no le importa sino pasar, a mi si es o no para siempre no me importa, pero me pareció tan pero tan romántico que mi corazón sufrió un desmayo de 33 segundos, que al revivir pensó;

“El otro semestre estudio más para los primeros parciales, para no tener que necesitar tanta nota”.

¿Quieres ser mi novio?

Ya sé que uno tiene derecho a no gustar. Por qué diablos uno le va a gustar a todos, a ver, a cuenta de qué. Hasta sería un poco aburrido gustarle a todos. Pero eso, a estas alturas debe estar más que claro: “el derecho a no gustar”.

Yo a mis amigas por ejemplo les digo, “no gustaste, relájate, así como Pepito lo tenía todo para que tu te quisieras casar con él y sencillamente a ti no te gustó, sin ninguna razón, esta vez, la que no gustó fuiste tu”.

Y eso tiene lógica y mucho sentido. Y uno debería entenderlo con facilidad. Pero no. Uno quiere gustar. Gustar o gustar, no hay opción. Pero ya cuando uno empieza, después de tanto, a salir con un tipo, ese miedo empieza a brillar y a hacerse su campito en el día a día.

Y como uno se está conociendo entonces, pánico. Que qué tal que no le guste que me chupo el dedo. Que qué susto que no se aguante mis pataletas de treceañera que no puedo controlar. Que y si rechaza mi necesidad que él haga todo lo que a mi me da la gana.

Y será que le gustan estos zapatos o mejor los otros. Puede que no le guste mis manías. Que como llevo tanto tiempo sola no sé cómo se hace eso de gritarle al mundo que estoy con alguien. “Hola, Andresito (algún ex coqueteo) te presento a mi novio”. ¿Quéeeee realmente me toca hacer eso?

Que no sé dejar de coquetear. Si estoy con él ya no le puedo coquetear a nadie más, ¿cierto? Que le choque que sea la mujer menos hacendosa del planeta. Que no tenga idea de organizar la casa, ni sepa cómo llevar una. Que no soy de las que se levanta más temprano para llevarle desayuno a la cama o de las que dejo de comprar mi ropa para comprar una nuevas copas para la casa.

Que no entienda por qué no estoy pendiente de cosas que las mujeres están pendiente. Que no sé cocinar, que soy absolutamente desordenada y voy dejando los zapatos en la sala, la camisa en el comedor, y las medias en el baño. Que no soy de las que deja la pasta de dientes perfecta, ni voy a tender la cama. Nada de mi es fácil y me da pavor.

Tanto tiempo sola, tantos años de independencia me han dejado así. Me da miedo que no entienda que soy celosa y prevenida y libre y amiguera y necesito mucha atención. Que soy melosa, rosa, romantica y quiero estar dándole besos todo el tiempo.

Qué tal que no le guste saber que cuando una amiga tiene una emergencia yo voy a salir pitada así este en el momento más romántico, intimo, bueno o malo con él. Que si es necesario voy a chatear con ellas horas y horas sin voltear a mirarlo porque ellas, son ellas y como mis ellas, no hay.

Me da demasiado susto que no entienda que las tiene que querer y ser buena onda porque ellas han estado y han colaborado en hacerme la mujer por la que él se va a perder. Sin mis amigas, yo no fuera tan buena o tan mala, o tan lo que soy.  Me da cosa que no le interese saber de ellas y lo que les pasa. Conocerlas y meterlas en su corazón, porque ellas van conmigo, somos como un paquete.

Y me da vaina que no le gusten los videos que me invento día de por medio. Que salga corriendo por lo peleonera que soy. Que no entienda que eventualmente me quiero casar y tener una casa linda y una bebe pecosa. Que me gusta bailar sexy, escribir de mis historias, comer chocolate, comprar ropa, ahorrar, viajar, tuitear estupideces…

Y entonces más o menos algo así pasa;

 él dice, “relajate, ya sé que te mueres por ser mi novia”

 Y yo le respondo, “no seas bobo, yo no me muero por ser la novia de nadie”

Se ríe, me mira y me dice: “Te mueres por ser mi novia, acéptalo y propónmelo, a ver, proponme”

“¿Quieres ser mi novio?” 

Él: Sí.

Y ahí es dónde uno se da cuenta que empezar con alguien da mucho miedo, pero uno va entendiendo que todas las cosas negativas que uno tiene, uno las ve más grandes de lo que lo ven los otros y  se van opacando por todas las cosas positivas que hay dentro de uno que efectivamente los otros las ven más que uno mismo.

Llegué

Primera y única escena:

Acostados, arrunchados sin otra intención de seguir así el resto de día. Viendo películas sin pretender voltear a verlas. Riendo, haciendo chistes, diciendo cosas lindas, más chistes. Historias de vida de cada uno. Que esta cicatriz, que mi mamá, que la vez que me enamoré, que mi hermano me dice así, que mis amigas me molestan con esto, que ese fue novio mío, que por qué no te gusta esto, que por qué tu hermano aquello. Todo sin soltarnos un minuto siquiera. Más arrunche. Arrunche sin fin. Y nada más, nada más era necesario. Y es que al parecer, en el planeta tierra, en el universo entero, solo importaba ese momento, que es este y pretende eternizarse.

Yo: Carajo, pero qué desorden de vida. Tan viejo y tan de cabeza todo.

Él: Es tu culpa.

Yo: Pero, y yo qué diablos tengo que ver? qué culpa mía va a ser el desorden de vida que has llevado si yo apenas te conozco?

Él: Claro que es tu culpa, porqué te demoraste tanto en llegar?

Y no necesité más nada para saber que había llegado a organizarle la vida. A organizar la mía con él…

… A quedarme.

Yo no quiero un paseo en bote

Ya lo sabemos. Enamorarse no es cosa de todos los días. Ni pasa porque sí. Ni está a la vuelta de la esquina. Ni cuando uno se enamora, la otra parte corresponde. No, la cosa no es tan fácil.

Sin embargo, si yo lo hubiera escogido, hubiera tenido un novio hace rato. La cosa no habría sido tan complicada. Ni caótica. Ni mucho menos tan dramática, como ha sido. Hubiera tenido más bien una experiencia similar a un placido paseo en bote por algún mar Europeo.

Y es que me hubiera resultado muy cómodo enamorarme de alguno de esos hombres que se me atravesaron en la vida dispuestos a entregarme las suyas. Y estoy segura que esos tipos me hubieran amado más de lo que uno sueña que lo amen. Me habrían llenado de detalles el corazón en las mañanas y en las noches antes de dormir y en la media tarde y en la media mañana y en la media noche. Le hubieran puesto más de la ternura que mi alma puede soportar y yo hubiera estado contenta, segura,en buenas manos y muy bien cuidada.

Les hubiera hecho pataleta día de por medio que porque sí y porque no y el elegido hubiera corrido para saciar mis caprichos y calmarme con amor. No hubiera habido peleas porque él muy seguramente no me daría motivos y los que yo le daría no le importarían. Me hubiera sido fiel, se tomaría unos tragos con mi hermano, jugaría con mi sobrino, le llevaría vino a mis papas y le haría chistes a mis amigas. Lo dicho, hubiera sido un placido paseo en bote. Uno grande, de esos en los que el movimiento se siente más bien poco.

Pero no. Por convicción decidí esperar. Pero cuando empecé con ese aguante no sabía qué esperaba. Pero con el tiempo lo fui entendiendo…

Empecé a esperar un ventarrón. Una montaña rusa de sentimientos. Una experiencia magica terrenal. Alguien que despertara un aguacero de emociones dentro de mi. Uno de esos pocos tipos que le provocan a uno achicharrarse en el infierno si es necesario por un beso de él. Un cabroncito bonachón.

Uno que cada vez que me besara me arrastrara al cielo de su infierno. Que sus miradas literalmente me hicieran sentir cómo mis pies se alejan quien sabe cuántos centímetros de la tierra. Aquel que me hiciera entender por qué no me gustaba que me abrazaran y en cada abrazo me entregara la certeza de que todos los abrazos que alguna vez le di a algún otro hombre no fueron más que la unión de brazos y un poquito de cuerpo y no la de dos corazones bombardeando sentimientos.

Alguno que me hiciera sentir que se me desgarra el alma con una discusión, que duele la vida si no esta cerca y que el amor se puede sentir en lugares desconocidos del cuerpo y que duele en todas partes y genera gozo en las mismas.

Yo decidí esperarlo. Esperar a ese alguien que su locura me hiciera hacer estúpidas y deliciosas locuras de amor. Un complice con quien convertir la vida en una aventuras destartalada. Alguien que me hiciera perder la cabeza con plena conciencia. Alguno que me derrita pero al mismo tiempo me importe hasta la medula y por eso me irrite lo que jamas me ha irritado. El tipo que a su lado me haga sentir segura, e insegura, y completa y con ganas de más y vulnerable e invencible…

Ese, que siempre perteneció a mi futuro así no lo conociera. A ese al que le he escrito mil entradas a este blog sin saber dónde estaba.

Pero tenía clarísimo que la cosa era jodida. Porque que el universo se alineara y encontrar que todo eso sucediera y además fuera correspondida, tal ves no llegaría. Depronto solo era cosa de películas, de excepciones muy cerdas o una loteria. Pero yo decidí asumir mi riesgo y esperar mi amor mío de verdad, puro y emocional o nada.

Pero me la he venido jugando porque puede que no llegue. Pero, a más paseitos en botes que he disfrutado feliz y contenta, más he entendido que quiero alguien que me llene hasta la inconsciencia. Que no quede ni un espacio en mi que no disfrute estar cerca de él. Ese Él o nada. Lo he esperado con una certeza misteriosa o ilusa de que alguien así iba a llegar y la espera iba a valer cada paseo en mares europeos. Y aun la tengo…

Porque el amor es un hecho de la vida real y lo sigo dejando entrar, me sigue gustando y ahí ando, tratando de botar los benditos tennis.

El amor es un hecho de la vida real

Pues no es que lleve todo este tiempo sin creer en el amor. Faltaba más. No soy así de ilusa ni fantasiosa. Aunque sí me lo he negado, es real que se necesita ser demasiado optimista como para no creer en él. A cuenta de qué uno va a salir invicto de esta vida sin sentir lo bonito o lo gonorrea del amor (perdón,  mamá pero es la palabra que mejor describe una tusa). Já, ya quisieran.

No señores y señoras, de esta vida no salimos ilesos de momentos de destilar corazoncitos rosados y de situaciones de dolor en lugares que no se pueden tocar. De aquí nadie sale vivo sin perder la cabeza, la lógica y hasta la dignidad por alguien. Aquí a todos nos toca subir como palmeras enamoradas y también sí o sí, a toditos nos corresponde caer como cocos secos y podridos así sea una vez en la vida.

Porque al amor, a ese, lo hemos visto todos, con los ojos del alma y lo hemos tocado, todos también, con la mirada brillante. Nos ha vivido dentro sin que lo controlemos y lo hemos reflejado con la sonrisa del alma. Nos ha acariciado con la yema de los dedos el corazón y con la firmezas de la indiferencia, nos ha partido en mil pedazos.

Así que decir que no se cree en el amor es de las cosas más inocentes que alguien pueda decir. Y yo, fiel enamorada desenamorada del amor, no tengo pero ni un pelo de inocente. Por el contrario. Creo plenamente en el amor. En sus estragos y en sus bondades. En sus satisfacciones y en sus asesinatos en vida. Yo creo en el amor. Todos creemos en él porque los que dicen no creer no son más que victimas irrevesibles del mismo.

El amor es una realidad. Bonita o no tan bonita. Pero una realidad. Una verdad que prefiero decir que es bonita aun si no lo siento en las fibras de mi cuerpo, en los ventrículos de mi corazón, en el brillo de los ojos y en el romanticismo de mis actos desde hace como 5 años. O 4, pero una cifra absurda, igual.

Existe porque en todo este tiempo de mi, sí se han enamorado. Vive entre nosotros porque he visto con los ojitos de mi corazón historias tan verdaderas que parecen irreales. Es una realidad porque inspira las mejores peliculas y los mejores libros, y canciones y poemas. Está vivito y coleando y más le vale, porqué si no, de qué rayos escribiría.

Es un hecho, lo sé, porque me está tocando la puerta y lo estoy dejando entrar. De a poquitos, pero lo estoy dejando entrar, nomás para comprobar que existe, que es mi turno, para darles mis testimonio y para comprobar si es más lo bueno que lo que duele y pues nada, a ver si vale la pena.

 Seguro que sí. 

Me gusta

A pesar que soy buena para algunas cosas como para bailar con el sentimiento en las caderas hasta el amanecer o sacarle sonrisas en el alma a la gente o hacer pataletas de adolescente rebelde o para inventarme videos hollywoodenses de los tipos y ponerme los tennis, no soy buena en el resto de cosas ni se mucho de otras.

Por ejemplo no sé hacerme responsable de mi misma. Me cuesta sumar, restar y me embolato cuando alguien me da un vuelto porque los números son un agujero negro para mi. No se planchar ni me interesa saber. No sé tender la cama o sea, sí sé, pero me queda horrible y sin gracia y con muchas arrugas, así que digamos que no sé.

No se hacer dibujitos lindos ni manualidades como la mayoría de las mujeres y además tengo una letra de medico general. No sé cómo hacer para no aburrirme de los tipos, tampoco sé rezar el Rosario y no tengo idea alguna de cómo durar toda una rumba sin quitarme lo tacones.

No sé de buena musica porque crecí con vallenato, regetón y champeta, así como tampoco sabría como preparar un sancocho o un ajiaco y no me sé la capital de Uzbequistan, ni la de todos esos “Tans”. Quisiera aprender porque no sé cómo hacen las viejas para ponerse las medias veladas sin que se rompan o que sobrevivieran a mi por más de dos horas.

No sé jugar tennis, ni tampoco sé prestar atención por más de una hora sin mirar el celular. No tengo idea de cómo perderle el miedo  a los carbohidratos. No sé por qué tengo más de 55.000 seguidores en Twitter y ningún novio y no entiendo cómo hace mi mamá para aguantarse a mi hermano de 30 años todavia en la casa.

Definitivamente no sé cantar ni cómo no ser imprudente. No sé nada de Isaac Newton y no se cómo empezar a leer El Quijote. Todavía no sé qué me voy a poner para el matrimonio que tengo mañana y no tengo pista alguna de usar Excel.

No sé si creer en el amor es de realistas o de optimistas, no sé cómo vivir sin el chocolate y obvio no sé qué diablos sería de mi si mis amigas no salieran corriendo cada vez que me entra una crisis existencial romantica.

No sé qué voy a a ser cuando sea grande, ni para qué país me quiero ir a vivir en tres años, ni qué ejericicio empezar a hacer, ni por qué cada vez me vuelvo más sensible. No sé porque me gusta escribir ni por qué les estoy contando tanto de mi ignorancia, debe ser para decir que desde hace un par de días llegó a mi como una revelación, una certeza, una verdad, o algo que sí sé, con seguridad, claridad y convicción:

 Me gusta él. Me gusta de verdad. 

 

Hipocondríaca del amor

Sufro de DRAPETOMANIANOUN; incontrolables ganas de huir. Y no, no es jodiendo. Salgo corriendo dejando trocitos de alma por ahí regados esperando que alguien me alcance o de ir lejos muy lejos donde nadie pueda hacerlo. Es ambiguo. Soy ambigua.

Mis amigas ya me tienen los tiempos. “Con este durarás un mes y a él le duele tres”. “Con este que la sabe hacer mejor, te dura dos meses y a ti te duele 8 días y a él nada de nada”. Y pues no sé porque cuando empiezo a correr estoy tan lejos y tan cansada que no me doy cuenta de cuándo volví a recuperar la cabeza, mi alma, y mis esperanzas.

Pero por mi o por él, salgo corriendo. Como dije una vez, siento unas irresistibles ganas de “ponerme los tennis” y salir pitada. Generalmente me los pongo porque me aburro. Cuando los tipos en par patadas me entregan su voluntad. Con ellos, los tennis son de última tecnología, se elevan y me llevan como un rayo, lejos inalcanzable, dejando humo a mi paso.

Y no lo controlo. Lo juro. Simplemente es la tecnología que incluye detectar cuando los necesito y ellos llegan a mi por sí solos. No es mi culpa. La cosa es que cuando los tengo puestos no hay vuelta atrás y no quiero volver a saber ni poquito del tipo en cuestión. Nada de nada. Gas.

Pero el segundo caso es menos sencillo. Estoy feliz con el fulano. Me tiene intrigada. Me da misterio, no me deja descifrarlo y le gusto pero con calmita. La cosa es que yo no conozco la calmita. Entonces me siento desprotegida. Insegura y sin el control. Soy feliz pero al final no tenerlo bajo mi yugo me jode, absolutamente.

Así que en este caso me obligo a mi misma a buscar unos tennis. Los viejos, sucios y rotos. Esos que están refundidos y por eso me toca hacer un esfuerzo de heroína por encontrarlos, por ponérmelos y por amarrármelos.  Claro, ahí los de la súper tecnología se pierden.

Entonces me los pongo paniqueada y llena de sentimiento. Frustración de saber que otra vez no fue y nostalgia porque tengo la certeza que este tipejo no solo me hacía pasarla bien, sino que prometía y pues ajá, me gusta. Pero me los pongo.

Hago de tripas corazón y me los amarro bien. Me pongo mis zapatillas deshilachadas y viejas como una hipocondríaca se tomaría una caja entera de pastillas porque medio le cayeron tres góticas de lluvia, creyendo que le va a dar una pulmonía. Tal cuál yo, con el corazón pero mis pastillas son los tenis.

Pero esta vez la huida no es fácil ni espontánea. Huyo con la seguridad que me caracteriza aparentemente, y por dentro llevo la inseguridad que también es muy mía. Y al contrario del primer caso, espero que él me alcance y me diga que deje de ser loca y me desamarre el par de zapatos y y me caiga y y él me levante con un beso y vivimos felices para siempre.

Pero no. En este caso donde quiero que me persigan no me persiguen. Ellos se quedan como “bueno locaza, suerte” y listo, yo sigo con mi orgullo y mi radicalismo y mis tenisitos hasta una nueva historia.

Ya tengo la de este año y sí, estoy mamada de huir porque

“Y al final lo que cansa no es aprender a irnos, es no aprender a quedarnos” Vince. ‏‪@TingaTuMais

Que se calme Cupido, porfi

Yo siempre me la paso con amigas solteras. Y hacemos todo lo que hacen las amigas solteras juntas. Vamos de fiesta, nos arrunchamos, cocinamos, rajamos de los tipos. Soñamos, nos regañamos. Vivimos, buscamos juntas el amor, lo encontramos, lo desencontramos, lo dejamos ir, lo medio tenemos. Nos ilusionamos juntas y nos desilusionamos mejor en compañía.

Pero siempre tengo mis amigas solteras. Alrededor. Velando por mi. Cuidándome. Dándome fuerzas. Saltando cuando conozco a alguien. Implorándome que esta vez porfi, no me desilusione en tres días. Riéndose cuando a los 10 días se me pasó la emoción. Sonriendo tranquilas diciendo que ya llegará.

Pero siempre tengo mi parche de solteras. Ellas por lo general siempre son más soñadoras y fantasiosas. Son más inocentes y por más que las hayan jodido, siguen creyendo casi a ciegas en el amor. Yo no. Yo en cambio, como estoy muy bien posicionada en mi status y llevo tanto tiempo así, y me sé las claves del éxito para que la soltería sea una virtud, soy de un realismo pesimista, brutal.

Entonces soy la que dice, “no te va a llamar”. “No ves que nada más te quería rumbear”. “Ese man nada más quiere llevarte a la cama”.  “¿Se lo diste?, no va a aparecer más, ya verás”. Y generalmente pasa lo que digo y disfruto con superioridad decir “te lo dije”, porque se los dije y no hacen caso.

Pero yo tampoco me hago caso. Y aunque me ilusiono como quinceañera cada tanto sé desde el principio que me voy a desilusionar cuando el tipo ya sea mío. Y en vez de hacerme caso y no herirlos, allá voy a mis anchas y les dejo mis iniciales marcadas como con un copas en sus corazones.

Y si por el contrario veo que el tipo no va a ser mío, empiezo yo misma a hacerme las marcas, despacito, y me vuelvo vulnerable y cuando ya tengo la primera inicial hecha, y veo que el muy cabrón tiene ese corazón impenetrable, me abro. Yo ya no estoy para andar con cicatrices a estas alturas, faltaba más.

Y por eso lo máximo que me dura una ilusión es un mes y vuelvo a donde mis amigas solteras. Porque siempre tengo. Porque cuando se me acaban unas, me aparecen otras nuevas como mandadas por Cupido como premio de consolación.

Las he tenido de todos los lugares, edades, sabores, colores, religiones y pasiones. Unas más atrevidas que otras, algunas borrachonas, unas desesperanzadas del amor y otras desperadas por conseguirlo. La cosa es que aparecen siempre como una salvación que le pone colores, esperanza, acción y mucho amor a mi vida.

Pero por estos días la cosa se ha puesto negra. Ya sabemos que Cupido me la tiene montada y por eso siempre se divierte flechando a los que no me gustan y flechándome con los que no les gusto, pero ahora ya se está pasando.

Yo creo que él analiza y dice, “vean a este, es tierno, caballeroso, responsable, bueno, educado, es perfecto para que no le guste a esta loquita” y llama sus amigos y les dice, “pilas que tengo un nuevo candidato para esta, apuesto que con él la ilusión le dura 10 días”. Y abren las apuestas. “No, este tiene cara de durarle un mes”, “no, es posible que está vez supere los dos”. Y entonces FUA, Cupido manda la flecha y como viendo futbol, el tonto en pañales y su combo de amigos se toman sus cervezas a ver en cuánto me desilusiono.

Pero ya por estos días está tan, pero tan mala onda, el muy cabroncito. ¿Y yo qué le he hecho? ¿Por qué es que me la tiene montada? Ahora resulta que se le dio porque que todas las amigas solteras que tenía de aquí, de allá, la bonita, la divertida, aburrida, la romántica, todas, ya no están solteras o están en proceso de desolterizarse.

Y yo sigo aquí intacta e ilesa al amor pero ahora ni siquiera con mis premios de consolación y eso ya es estar pesado. Todas están saliendo, ennoviadas o comprometidas. Joder. El lunes me reuní con las del colegio porque mi compañera de soltería nos iba a presentar a su nuevo chico. Cuando armamos el plan, ella, la segunda más solera de todas me dijo “si quieres llamamos a Fulanito (otro amigo del colegio) para que no estés sola”.

¿Quééééééééééé?, llevo 5 años sola y sé cómo desenvolverme en todos los ambiente sociales conmigo. Ella apenas lleva un mes saliendo con el tipo y ya se le olvidó. Joder. Las amigas solteras olvidan más rápido que yo a mis amores, lo que es estar solteras y a sus amigas solteras. 

Que carajada. Ahora si se puso complejo esto. 

Amigas solteras que ya no lo son, porfi no se olviden de sus amigas solteras que todavía lo son.

Y a ver Cupidito, creo que te estas pasando, ya calmate, vale?’ 

¡Bingo! ya sé porque estoy soltera

Finalmente entendí porque sigo soltera. Mi gran problema radica en que cuando conozco a alguien, empiezo a sacarle defectos y a sabotearlo porque, me creo bajada de quién sabe donde, y pienso que puedo conseguir algo mejor.

No me imagino tener que dejar de coquetear con otros y llegar y decirle a Pepito el Papasito; “Hola Pepito el Papasito, te presento a mi novio”. Creo que me atragantaría. O me diera un ataque de tos o me desmayaría.

Llevo siglos sin hacerlo. Por años he sabido esconder mis romances, bien escondidos para no tener que enfrentar ese momento de perder del todo la posibilidad de los Pepitos Papasitos. No cierro ventanas que me pueden dar aire fresco.

Y es que por años, eternos, delicioso y míos, muy míos, me he encargado de dejarle abierta la oportunidad a los chicos con que salgo para que pueden besar otras chicas. Entonces les digo que besen tranquilamente. Que coqueteen. Que es que yo no soy celosa. Que como yo no me voy a enamorar no se cierren y vean otras opciones.

Y todo esto ha sido solo para yo poder hacerlo. Porque ninguno, en todos estos años, me ha interesado lo suficiente como para que yo quiera ser solo, única y exclusivamente de él. Y entonces los escondo y sigo soltera, absolutamente soltera aun si tengo alguien que me llame en las noches y me diga cosas amorosas, y me suba al cielo.

Y todos han sido bonitas opciones, sin embargo, estoy tan dañada y sobrevalorada por mi misma que aun estando –parcialmente- con bonitas opciones creo que puedo tener una mejor, y entonces estoy con alguien pero sigo sola esperando el famoso príncipe súper azul.

Ese que me he imaginado. El que se parece a las opciones que he tenido a mi lado pero le faltan cosas puntuales que me invento –pero nunca amor por mi-. Que sea guapo o que haya viajado más que yo, o que sea descaradamente exitoso o cosas más puntuales y más jodidas de alcanzar que entre más tiempo paso sola más me invento y exijo y por eso descarto. La cosa es que he desarrollado un corazón impenetrable esperando la super, loca, gigante, mega, perfecta opción. Por eso ninguno ha entrado a agitarme los latidos.

Y sigo con estos tipos que me dan más del amor que yo misma puedo lograr entender que merezco pero sigo husmeando en mis ventanas, y para mi misma, y para el mundo y para ellos, sigo soltera, esperando el que es.

El que es está demorado. Porque yo lo estoy demorando. Entonces estoy con estos chicos buenos y querendones y luego me doy cuenta que estoy siendo egoísta y los dejo, antes que se enamoren. Porque para ellos sí soy su mejor opción. Pero ellos para mi no, solo son los mientras aparece mi mejor opción. Así que me abro, pero para ese entonces, ellos ya tienen bastante embolatados sus sentimientos por mi. Y los dejo de un momento a otro, como quien ya tuvo lo que quería y listo.

Así ha sido desde mi último novio que fue hace tanto que ese debe estar ya por proponerle a su novia. Entonces no me pinto cerrando esas ricas ventanas porque quiero que mi Él no tenga ventanas abiertas y sea solo mío. Y yo solo de él. Me dan ganas de vomitar solo pensarlo, porque eso quiere decir que me toca dejar las posibles mejores opciones que pueden aparecer.

La cosa es que ayer, antes de dormirme le dije “oye, no quiero que te chupetees con nadie”. 

De por qué los hombres TIENEN que gastar -por lo menos en el Día de la Mujer-

En medio de un mundo lleno de guerras, muertes, peleas por poder y toda clase de tragedias, a mi, todas estas fechas mariconcitas me gustan. Me fascinan de hecho, porque en medio de todo son una excusa de la gente para dar muestras de afecto.

Amor y amistad, Valentine´s, día de la madre, día de la tortuga, día del yonosequé y por supuesto el día de la mujer. Flores, flores, más flores, chocolates, cenas románticas, llamadas, mensajes inesperados, palabras lindas, coqueteos, detallitos y hasta noches de pasión son el resultado de estas excusas que surgen para que la gente sonría.

El día de la mujer, hoy, por ejemplo, se me hace una gran culada. Tonto. Sin sentido. Un invento fallido de las feministas que quieren igualarse y que entonces se inventan días para que les reconozcan lo cada una se encarga de que le reconozcan. Es bobo en serio. ¿Cómo que a uno lo felicitan por haber nacido de algún genero? ¿eso qué tiene de meritorio si fue la suerte que lo escogió así?

Pero bueno, estos análisis tan profundos a mi ni me lucen, entonces continuo diciendo que el día de la mujer me gusta. A pesar que sea como sea, me gusta. Porque entonces uno piensa que es el día de las mujeres y ser mujeres si tiene mucho merito aunque haya sido una suerte.

No es fácil. No es fácil no auto-aguantarse cada 28 días y sufrir cambios de humor que no podemos controlar. No tiene nada de sencillo arreglarse todos los días y llegar bien mamasitas y puntales a trabajar. Es de heroínas querer comer todo lo que quisiéramos comer y dejar de hacerlo por no engordar. Soportar la morboseada de los porteros, obreros, buseteros y en algunos casos de superiores.

Trabajar y ser más que una cara bonita. Querer besar desaforadamente y no poder hacerlo como los hombres pueden porque a nosotras no se nos ve bonito, como si no nos diera ganas, igual o más que a ellos. Querer llamar a un tipo y tirarle los perros y no pues porque el idiota en vez de valorarlo, lo ve mal y sale corriendo.

Tener que esperar que el tipo dé el primer paso como si esperar fuera chevere. Aguantar que los hombres perros sean unos héroes. Ser sensibles y que todo nos duela más. Ser físicamente menos fuertes y no poder con las bolsas del mercado, o cambiar el bombillo, o patear en la cara al gamín de la calle que nos dice “adiós mamita rica”.

No es fácil ser nosotras. Los despechos nos duran años y los dolores nos duelen más. Lloramos hasta con comerciales de televisión. Nos hacemos videos loquísimos que no podemos controlar. Esperamos cosas que a los tipos ni se les pasa por la cabeza. Necesitamos mucha atención y somos románticas de nacimiento y soñamos con príncipes y finales felices y nos fascina el drama. Y nada de eso es culpa de nosotras, nos lo metieron y ajá.

Tenemos que comprar de a docenas de pares de medias veladas porque al ponérnoslas ya se rompen dos y en el transcurso del día, otra. Aguantarnos la cera, hacernos las uñas cada semana y arreglarnos el pelo. Sufrir por no repetir ropa, por tener bonitos zapatos y lindas carteras.

Por comprar buenos maquillajes para que no se nos dañe la piel. Y maquillarnos para vernos lindas. Usar tacones con lo que duelen, para vernos estilizadas. Por tener accesorios para el cuello, las orejas, las manos, la cabeza y hasta los pies, que alegren nuestro outfit. Por los tratamientos para adelgazar. Las cremas para el cuerpo, la cara, las manos, los pies, las pestañas y hasta para el dedo chiquito del pie.

Que la media que sube las nalgas, que las gotas que hacen que el ojo brille más, que la anticelutis, estrias. Que la de los granos, que el tinte cada dos meses… puedo seguir hojas y hojas…

Eso es compre, compre y compre. Y con todo y esto ahora los manes se las tiran que no nos quieren gastar nada, ¡¡¡a ver!!! ¡¡No ven en todo lo que gastamos que ustedes no, para que ustedes nos vean lindas!! ¡¡No es fácil ni económico ser mujer!! ¡¡Gasten hoy por lo menos, en el día de la mujer, o sea!! ¡¡Dennos afecto!! ¡¡Hágannos felices!!

Que gracias.